“Un hombre no debería llorar en público”, “Un hombre que no se defiende cuando otros abusan de él, es débil”, “Los hombres deberían resolver sus problemas personales por sí mismos sin pedir ayuda a los demás”. Estos, son algunas de las cuestiones que se han preguntado a 1700 jóvenes que han participado en el estudio de la fundación FAD Juventud. Son también, las mismas cuestiones que seis de cada diez jóvenes han rechazado, empezando así a romper con los mandatos más conservadores de género.
Aún así, los resultados del informe revelan que uno de cada diez jóvenes se sigue identificando con la llamada “caja de la masculinidad”, un conjunto de normas que establecen como ser un hombre duro, independiente y cohibido emocionalmente. Este ideal, aunque normalizado, es uno de los principales enemigos del bienestar psicológico y social, suponiendo un modelo de como comportarse desde edades tempranas, que refuerza la evitación emocional y castiga las muestras de vulnerabilidad.
Los mandatos masculinos tradicionales se pueden entender como experiencias repetidas con el entorno que establecen el aprendizaje de los hombres. Expresiones como “aguanta como un hombre” o “no muestres debilidad”, actúan como señales que generan respuestas de evitación a cosas como el llanto o pedir ayuda (entre muchos otros ejemplos) y son muy recogidas a nivel social mediante reconocimiento o aceptación. Sin embargo, supone un gran coste a largo plazo a nivel emocional y relacional.
La interiorización de estos ideales reduce la probabilidad de que los hombres busquen ayuda psicológica o expresen su malestar, lo que puede derivar en comportamientos de aislamiento, irritabilidad o incluso abuso de sustancias. En otras palabras, la “fortaleza” que cabe esperar de ellos, no es más que una forma de control emocional completamente encubierto y que mantiene su propio entorno social.
Comprender la masculinidad desde esta perspectiva, no implica culpar si no ponernos en contexto. Muchos hombres jóvenes comienzan a desafiar estas reglas, abriendo así un espacio para nuevas formas de ser y relacionarse. Tan solo ampliando los contextos en los que la vulnerabilidad sea segura, podremos favorecer aprendizajes más flexibles, donde mostrar emociones, no sea sinónimo de debilidad, sino de humanidad y autenticidad.
Referencias
- Addis, M. E., & Mahalik, J. R. (2003). Men, masculinity, and the contexts of help seeking. American Psychologist, 58(1), 5-14. https://doi.org/10.1037/0003-066X.58.1.5
- Sanmartín Ortí, A., Kuric Kardelis, S. & Gómez Miguel, A. (2022). La caja de la masculinidad: construcción, actitudes e impacto en la juventud española. Madrid: Centro Reina Sofía sobre adolescencia y juventud, Fundación Fad Juventud. DOI: 10.5281/zenodo.7319236
Añadir comentario
Comentarios